martes, 28 de septiembre de 2010

MANOLIN VARELA VILA




Imagen de los alumnos dela Escuela de La Moral,en Tiraña,donde en primera fila y en el centro aparece Manolín Varela fácilmente identificado por serel más pequeño de todos.La imagen data de 1940-41

Allá por los años del 40 --y si usted no los ha conocido, pregunte a quien si los haya vivido, que ya verá--los niños de Tiraña apenas si iban a la escuela; con andar en busca de agrietas ya era bastante. Pero alguna vez se iba a la escuela de La Moral, donde lo primero que se hacía al llegar el maestro era formar, ponerse firmes y, brazo en alto, lanzar un "arriba España y un viva franco" que no quedaba ni un gorrión cerca. Eso sí, el maestro, de camisa azul, entraba serio en la escuela y, saludaba al retrato de Franco y del fundador de la Falanje, José Antonio. Por ritos y cánticos, todo podía ser. Pero no era.

Pues de aquel entonces, recordamos a un niño mucho más pequeño que los demás, posiblemente porque tenía menos años, pero también porque su estatura tendía a ser inferior al resto de los alumnos. Se trata de Manolín (al que familiarmente se le refería como "el patatu"), Manolín Varela Vila, que había nacido en Cartagena, de madre cartagenera y padre Asturiano y por más razones, de Tiraña. Como a este hombre,Onofre Varela, padre de Manolín, le coge la guerra en el bando republicano y en el acorazado "Lepanto", para salvar la vida, una vez acabada la contienda, no le quedó más opción que el exilio o la cárcel --o peor que la cárcel. Se va a México y en México tuvo un final poco claro, al poco de llegar y cuando tenía 33 años de edad.

Así, el padre conoció al hijo ni el hijo al padre. Manolín, que era un buen chaval, vivió mal, como entonces se vivía --o vivíamos casi todos. Estaba con sus abuelos paternos en el lugar conocido por El Palacio, y con su madre, Micaela, una guapa moza, simpática y trabajadora, sin ningún futuro en esta parte. Así que decide volver a su tierra de Cartagena en 1947, a los 8 años de haber venido a casa de los padres de Onofre, padre de Manolín, hasta que acabara la guerra y así establecer posteriormente una familia. Pero no pudo ser.

Nunca más volvimos a saber de Manolín. Y pasaron muchos años. Fue él quien, leyendo la revista ALTO NALÓN y viendo que le citaba, procuró dar con nosotros. Hacía más de 68 años que nos habíamos conocido y ese era el tiempo pasado sin saber uno del otro, ni saber de la mayoría de los alumnos de la escuela de La Moral, en Tiraña. Y un día aquel niño asoma y se identifica, a través del teléfono y desde su Cartagena natal. Fue en septiembre del 2010.

Para él, nuestro saludo desde este comentario. El, como nosotros, ya es jubilado; pero me cuenta algunas cosas, donde la salud no es completa. Diabetes, problemas de corazón, marcapasos...pero sigue comunicativo y jovial en su conversación...¡Ojalá que siga así mucho más!
Manolín Varela, actualmente

De él, porque vivió en Tiraña, quisiéramos hablar más, pero tampoco sabemos decir otra cosa más que nos ha alegrado saber de él.De aquel niño más niño que los demás, que vivió mal aquí y, cuando retornó con su madre a Cartagena, tampoco vivió una infancia mejor allí, sea este recuerdo de lejanos tiempos, de puñeteros tiempos -- de coincidencias y afectos.



domingo, 1 de agosto de 2010

IMÁGENES DE Y PARA TIRAÑA


Excursionistas de Tiraña, en 1970.Cuando el valle tenía abundante población.De toda esta gente, ¿quiénes viven hoy en el valle? Una o dos personas.Lo que indica el declive de Tiraña















Repasando recuerdos,pero allá por 1966-67.
Los nombres están en nuestro archivo para
mejor ocasión de lo que fue Tiraña.








Tiraña vacía en 2010, según imagen de

Julián Robles. Dos o tres coches, dos o tres
en las aceras y la mayoría de las viviendas
desocupadas

lunes, 24 de mayo de 2010

LOS QUE HABITARON EL VALLE





Reconozco que predicar no es dar trigo y que para llegar al final de una meta o de una ilusión, hay que empezar por algún sitio. Soñar no es efectuar ni realizar...¿Y todo esto, a qué viene? Pues a que con el título que insertamos aquí, tenemos en mente y en inicios lo que pretendemos que sea una referencia de aquellas personas que habitaron el valle de Tiraña, sobre todo allá por los años de las décadas del 50 al 60. Un libro que refiera ,si ellos es posible, todos y cada uno de los vecinos que hubo en cada pueblo del Valle.

Largo de fiar -o de efectuar, sobre todo si tenemos en cuenta que el valle de Tiraña está prácticamente desierto.Pueblos que ayer tenían todas y cada una de sus casas repletas de habitantes, hoy están completamente vacíos. Completamente vacíos un pueblo tras otro. Y ya no hay dónde recabar datos, nombres, familias...

Esta es la historia actual de Tiraña. Hay otra historia. Por ejemplo, quiénes son los de una idea política y los de otra. Hay quien sigue viendo monstruos en la República y ángeles y serafines en los que exterminaron la vida y la ilusión republicana; es decir, los que todavía, si se terciara, volverían a coger el arma y volver a las andadas: incluso a exterminar el Centro de Cultura e Higiene, llevándose, como aves de rapiña, todo lo que pudieran --o sea, lo que una vez se llevaron y llevado quedó. Menos mal que esa gente sigue siendo la buena, la que condena a los demás, la que mira alto y la que no tiene de qué avergonzarse. Eso es.

Al margen de estas cosas, a ver si un día iniciamos la andadura para registrar e imprimir en una publicación los que habitaron el valle. Bien es verdad que, en la medida que tuvimos a mano, hemos publicado, para honrar al valle, "Tiraña, abril 1938", "Tiraña, romance de una leyenda y, entre otro publicado, "Hay una historia que aguarda", sin olvidarnos de "El Verso de la mina", que refiere indirectamente al valle. Otros, con más medios, hicieron menos y negaron más.

sábado, 20 de marzo de 2010

TIRAÑA , SIN CURA

Río, pesca, iglesia, Casa de Jenaro, El Cueto
y, detras del horizonte, La Arbeya
La leyenda -además de la historia-- de Tiraña refiere del señor del Coto que, contrariado porque el sacerdote no le esperó para decir misa, le asaetó y dejó muerto ante al altar. Y decía que, a pesar del tiempo transcurrido, las piedras todavía mentenían manchas de sangre...

La leyenda cuenta cosas, pero la Iglesia cuenta ganancias. Así, el valle de Tiraña, que siempre tuvo sacerdote, que cobraba diezmos y primicias, alcabalas y responsos, en cuanto vio que el valle se iba despoblando, sacó los trastos de la parroquia y se fue con viento fresco. Seguramente que se habrá dicho que si no hay feligreses ¡qué demonios va a hacer allí? Esto es que Tiraña, desde finales de la década del 60, no tiene cura.

Y la Iglesia, sabia como dicen que es, vendió lo que un día el pueblo le otorgó por gracia divina de esperar que el cielo fuese con el valle agradecido. O sea, que la Iglesia tenía la mejor mansión del lugar, la mejor tierra del valle, y la mejor ubicación de lo conocido; pero la Iglesia lo vendió, o el obispado, o vaya usted a saber. El obispado, para eso es el obispado, tenía sus documenmtes --¿quién se los iba a negar?-- de propiedad. ¿Desde cuándo? Desde que obtuvo por obra y gracia del espiritu solidario de la vencindad la mansión y las tierras que los vecinos se encargaban de trabajar y de procurar que rindieran buenas cosechas para el prebistero.
Vista de San Pedro de Tiraña,
en 1960.Hoy está casi vacía.

Pero como Tiraña no tienen cura, la Iglesia, o el obispado, vendió su propiedad en el valle. Ahora están reparando la casona, que la finca rural ha sido vendida a dos o tres particulares. esto es, la Iglesia -o el obispado, antes que el tiempo, que es el demonio que acaba con las cosas, desmoronase la vieja e histórica casa del cura, prefirió venderla.30 o 40 millones de pesetas, dan para un arreglo.

Tiraña, que tuvo celebrados, perseguidos
y perseguidores sacerdotes,cada día va cayendo un poco más hacia el pozo de la nada. Esto por no decir que,entre gente de decencia y gente de honra, hubo gente de la peor calaña.Caciques de tres al cuarto, chiribís delatores en tiempos posteriores a la guerra civil; zoquetes de pan llevar... de lo que ya no va quedando mucho, aunque queda algún que otro residuo, de lo que no merece la pena hablar.

jueves, 25 de febrero de 2010

QUÉ PENA DE VALLE


Elías Pérez,Manolín Varela y José Alonso y sin conocerse,
Gonzalo de Grandiella, todos muertos, menos, al parecer
Manolín Varela, que parece se fue para Cartagena.
La imagen data de 1941-42.

Día a día, el valle de Tiraña se va quedando vacío. Pueblos y caseríos están desiertos. Las caserías abandonadas. Prados y huertas cubiertos de maleza. Los sones que ayer se escuchaban en cantos de cortejo y en ecos de esquilas y cencerros, ya se han apagado. No hay, por los caminos del valle, gentes de paso, dando vida a los lugares. No hay campesinos arando las tierras, ni hay quien injerte los árboles frutales. Ni se ven correr las aguas de las fuentes, ni los calderos esperado para llenarse. Ni hay cantares en noches de luna, ni ¡ixuxús! como antaño, alegrando la noche...

Aquellas juventudes varoniles, ya no existen. Todo es silencio y desolación, ausencia y vacío. Ni se ven, alegrando con sus risas y con su presencia, aquellas alegres y risueñas chavalas, mozas de quitar el hipo, que en cada casa abundaban y eran deseadas y buscadas por los mozos del lugar y fuera del lugar, que muchas casaron con parejas foráneas y , más o menos, así comenzó a despoblarse el valle, al irse la mocedad a vivir a otras partes. Al buscar en otros sitios trabajo y ocupación, poco a poco el valle se fue despoblando.

Así ocurría. Unos porque se fueron en busca de futuro a otros lugares y ya no retornaron, y otros, porque, al pasar los años y la vida marcar su ley inexorable, se fueron muriendo, las casas perdiendo habitantes, los pueblos perdiendo aliento y población y, lenta pero inexorablemente, la vida desaparecía del Valle de Tiraña.
Arsenio Vallina,
Anselmo Camblor y Faustino Blanco,
más conocido por Tinucu el del Forno
Por los años de 1950-60
Aquel proceso que se podía decir, a la vista de lo que la vida brindaba, que era de primavera, verano, otoño e invierno, ya ni siquiera se circunscribe al otoño-invierno, pues la primavera que es al nacimiento de la vida, el verano, que es a la reciedumbre de la juventud, que engrandece la sociedad de cada lugar, ya no tiene vigencia en este valle, antaño pujante. Podría esperarse que hubiera, en sus pueblos, un otoño-invierno que, aunque frío, siempre tiene y sostiene vida, Pero, si bien es verdad que no hay infancia, y hay poca juventud, es verdad asimismo que madurez y ancianidad ya no queda,si exceptuamos tres o cuatro personas en todo el valle.

Esta es la realidad y no hay otra. Como no sabemos cual será el futuro de este valle, lleno ayer de vida, vigor, historia y alegría.

lunes, 16 de noviembre de 2009

LO QUE NO DEBIERA DESAPARECER




La vida es dura, pero dura y todo
debiera evitarse el fin de los predios rurales.


Tiraña, ya lo hemos dicho, ha sido más que es. Acaso haya quien diga que son los tiempos los que hacen que las cosas sean como son. Y es posible, pero no debieran de ser. Aunque también sé que contra la fuerza no cabe resistencia. Y que lo que viene torcido no hay quien lo endereche.De modo que nuestro valle de Tiraña, antaño más pujante y menos decadente, es hoy más decadente y menos pujante...

Sus pueblos fueron, aunque aldeas, núcleos de vida y convivencia. Hoy son lugares --ya ni pueblos siquiera--convertidos en fantasmas; en lugares deshabitados, fríos y desarrapados.

En sus poblados había abundante ganadería. Los montes, especialmente Peña Mayor, eran lugares que en verano se llenaban de reses, cabras, ovejas, caballerías y pollinos que se ganaban el sustento por las campas del monte, mientras que en las estribaciones crecían las cabañas de los pastores... en torno de las cuales, se criaban cerdos, conejos y gallinas.Y algunas veces se consumía carne de jabalí o de corzo...
En plana naturaleza, la vida
también tiene su encanto...
El Gobierno debiera fomentar la vida rural.

Había vida que duraba hasta octubre,
cuando ya el tiempo mostraba sus uñas peores: las familias bajaban, con sus ganados, musicados con cencerros y esquilas, para hacer vida normal en los pueblos. Había quien bajaba algunos quesos, pocos, porque, en lo que sabemos, no fue este valle muy dado a la elaboración de los productos de la leche.

Todo esto fue en otros tiempos, cuando también en Peña Mayor había caleros y artesanos, que fabricaban toda clase de aperos. Y por haber, antes de la incivil Guerra Civil de 1936, había empresas mineras, como Solvay y Compañía, que tenían sus campamentos en las campas de Peña Mayor, donde disfrutaban los hijos de los mineros durante el verano. Al cuidado de los niños había maestros, mientras una o dos cocineras les preparaban las pitanzas, que siempre son más apetecidas cuando se vive en contacto con la naturaleza
Aquí hace falta un Gabriel y Galán
para cantar la vida del labriego...

Los pastores, una o dos veces al mes,
a modo de sextaferia, reparaban caminos y veredas. Pero, sobre todo, plantaban árboles en sebes, como avellanos y cerezos, cuyos frutos alimentaban a la fauna del monte; plantaban espinos para cierres; limpiaban las praderas y, en suma, hacían obra común y, al parecer, sin andar a la greña como ahora andan los de unos concejos contra los de otras partes; de tal modo que lo que se dio en llamar Comunidad de los Pastos de Peña Mayor no se acaban de poner de acuerdo en quién debe andar por el monte, con cuánto han de contribuir y qué clase de ganado tiene que permitirse en los montes comunes...
De cualquier modo, el Gobierno,
el que sea, debiera fomentar el retorno
a las aldeas; debiera suprimir las contribuciones
a los campesinos, debiera premiar a quien retornase a sus orígenes...
Resumiendo, ahora que no hay habitantes y que el ganado es menos, es cuando más se encorajinan unos y otros...precisamente cuando ya nadie planta un árbol para bien de todos, ni nadie repara un camino para servicio común, ni nadie hace nada por nadie, con lo cual, nuestro valle de Tiraña, cuyo límite final está precisamente en Peña Mayor, no sólo perdió población en sus pueblos, si no también en sus hábitos y en sus costumbres, lo que es normal, por supuesto, pues si no hay gente, no puede haber lo demás...

lunes, 2 de noviembre de 2009

CUANDO LA IGLEISA ABANDONA




Desde cuándo tiene --o tuvo-- asiento la Iglesia en Tiraña, no se sabe. La leyenda refiere --seguramente que partiendo de los años 1300 y pico, cuando fue Coto de los Álvarez de las Asturias y, posteriormente, del Convento de San Vicente-- que "el señor feudal que regía el territorio, dio muerte al sacerdote porque éste dio comienzo la misa sin la presencia del caprichoso propietario del territorio, el cual lo recorría dedicado tanto a cazar piezas montaraces como a aquellas mozas que le apeteciesen, que al parecer debían ser todas..."
Lo cierto es que, aparte la leyenda, Tiraña, Coto de los Álvarez de las Asturias, territorio regentado y explotado por el Convento referido; por señor leonés, que lo poesía por donación, prestación, cesión o alquiler de la Iglesia, a la que había que pagar diezmos y primicias, alcabalas además de otras gabelas, tanto a ella misma como a simples mercenarios y testaferros, propios y ajenos,lo cierto es que siempre tuvo, sostuvo y mantuvo su sacerdote, cuando no mas, el cual habitaba en una gran mansión --dadas las características de la población--, sita al pie de la iglesia y dentro de una finca que producía buenas cosechas de siembra y de arbolado.

Por llamarlo de alguna manera, la capital del valle es San Pedro, donde siempre el núcleo de población fue mayor que en el resto del conjunto comunitario.Aparte el templo mayor, cuanta desde antiguo, con dos santuarios, que si hoy son venidos a menos, como toda la parroquia, ayer fueron de célebre popularidad y fama. Se trata de Los Santos Mártires, ubicado el santuario en el altozano de Sayeo, desde donde se ve el Nalón correr abajo, y del santuario de la Virgen de Cortina, a cuya patrona no le faltan tampoco leyendas e historias. Esta capilla está enclavada bajo la cresta de Peña Mayor,entre Villarín y Carbayal.

Lo que comprendía el territorio eclesiástico de San Pedro de Tiraña era, además de todo el valle, incluyendo la localidad de Barredos, desde El Retorturiu, al sur, a Peña Corvera, al norte, que era el límite antaño con Langreo y, desde 1837, con San Martín del Rey Aurelio (cuando este municipio se desgaja de Laguleyo, Langueyo o Langreo) y que ahora, extrañamente , la delimitación está más adentrada en tierras de Laviana,todo lo cual fue perteneciente al coto o municipio independiente de Tiraña hasta el año 1827, que fue cuando desaparecieron los cotos y señoríos municipales para pasar a engrosar el ayuntamiento que, por más próximo y de mayor demografía, vendrían a ser cabeza municipal desde entonces. A Laviana, además de Tiraña, se sumó el señorío de los Bernaldo de Quirós, de Villoria. Y, según he leído, Entralgo, que también fue otro coto sumado a Laviana.

A Tiraña le desgajaron parte de si para construir una nueva parroquia, la de San José Obrero, establecida en Barredos.Fue en 1959 por voluntad vecinal y decisión arzobispal de Javier Lauzurica y Torralba, arzobispo de Oviedo. El masivo pueblo de Dios que era entonces Barredos, tenía que ser asistido por los siervos vaticanos,uno o dos sacerdotes.

Puesto que Tiraña tuvo otra vigencia y otra realidad, hoy hay que decir que está en triste declive demográfico. Muchos de sus pueblos están desiertos. El valle es una agonía sin posibilidad de resurgimiento. Así, una vez desgajada la parroquia en dos partes, al ir desapareciendo -- lo que también es otra calamidad económica para Asturias-- las minas de carbón, los habitantes de los pueblos más sacrificados, fueron desapareciendo paulatinamente, ya por cambio de domicilio,ya por ausencia de la vida...
De tal modo que allá por 1966, hasta el cura y la familia que le podía acompañar, desaparecieron de Tiraña. El valle iba cayendo hacia la despoblación. Las misas, que tampoco nos importan mucho, las decía el sacerdote de Barredos. Lo que quiere decir que la mansión que tantos años habían ocupados los curas, quedó deshabitada, salvo unos meses que fue alquilada.Después, el abandono ya fue total. Si la finca era sembrada y segada para uso de personas y ganado, la vivienda se quedó sin uso, durante muchos años, hasta que este año de 2009 fue vendida a un joven matrimonio que la quiere rehabilitar para habitar.
Casa y finca, tan intocable en otros tiempos, cuando la Iglesia lo defendía como cosa sagrada, ha dejado de pertenecer al Episcopado. Y cuando el Episcopado --o sea, la Iglesia-- se desprende de algo terreno, es que ya todo es desahuciado. Tiraña, pues, ya ha recibido la extremaunción por parte de quien siempre explotó el Coto, la Iglesia.

Sin embargo, hay que registrar, precisamente ahora en octubre-noviembre, que se están efectuando obras desde Barredos a Tiraña, para establecer una acera peatonal, a la derecha de la carretera, en sentido ascendente, obra necesaria, incluso cuando ya apenas tiene habitantes el valle. Esto, sin embargo, es tema para otra ocasión.